¿Por qué las dietas son dañinas para la salud?

Si entendemos por dieta, a cualquier rutina o proceso de alimentación distinto del habitual, seguido con la única finalidad de bajar de peso, le explicamos por qué ponen en riesgo la salud, y en un 99% de los casos producen a mediano plazo el efecto contrario al buscado.

Sepa por qué fracasan y qué peligros serios esconden.

Antes de continuar debe considerar que si está intentando bajar de peso y a menos de una hora de haber ingerido la última comida siente hambre, o no experimentó saciedad antes de tomar la decisión de darla por finalizada, no está haciendo dieta, está empeorando su salud. Una comida correcta es la que deja satisfecho al comensal, quedarse con hambre (excepto dietas severas por indicación médica, como durante una gastroenteritis por ejemplo), es un error nutricional que solo empeorará su situación sea cual fuere.

La necesidad de adelgazar, genuina o motivada por la moda, puede ser una poderosa tentación para los comerciantes inescrupulosos. Todo vale para ellos: pastillas de dudoso efecto e incluso nocivas, hierbas, aros, imanes, inyecciones de gas, golpes, pulseras, ventosas, fajas… y dietas.

Cada tanto se dan a conocer en algunos medios de comunicación o de boca en boca, planes alimentarios con nombres llamativos y promesas exageradas: “baje 20 kilos en un mes” o “adelgace comiendo sólo pomelos”. Se trata de dietas absurdas, muchas veces basadas en unos pocos alimentos o de muy bajas calorías.

En algunos casos, son sencillamente mentiras que juegan con la credulidad y el bolsillo de las personas; en otros, al poco tiempo se recuperan los kilos que con alegría se habían visto desaparecer, a veces poniendo en riesgo la salud.

Siempre que una dieta reduzca significativamente la cantidad de calorías que su cuerpo acostumbra incorporar, se producirá una pérdida de peso. La cuestión es por cuánto tiempo y de qué manera se logra.

Las dietas caseras que recurren simplemente a la disminución de las porciones por ejemplo, sin modificar hábitos alimentarios, solo reducen fuentes de energía. Por eso es posible que se produzca una disminución en la masa muscular que puede afectar el rendimiento físico y la coordinación, además de producir debilidad.

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Por otro lado, la frustración de no poder controlar el peso y la sensación de estar atrapado en un círculo vicioso de dieta, adelgazamiento y aumento de peso, puede conducir a un mayor nivel de estrés e incluso a cuadros depresivos.

La constante preocupación por la imagen corporal constituye a veces un factor de riesgo para el desarrollo de trastornos alimentarios como bulimia o anorexia. Finalmente, para algunos investigadores, además, las llamadas “dietas yo-yo” podrían debilitar el sistema inmunológico.

Efectos secundarios de las dietas de moda

* Hipotensión (baja presión arterial)
* Náuseas
* Vómitos
* Diarrea
* Constipación
* Insomnio
* Irritabilidad
* Ansiedad
* Sequedad y pérdida del cabello
* Fragilidad de las uñas
* Depresión
* Distorsión de la imagen corporal

Por lo general, al principio, las dietas demasiado reducidas en calorías producen una pérdida de peso que es resultado de esta restricción. Sin embargo, al poco tiempo se produce un “efecto rebote” que hace que recupere el peso e incluso llegue a engordar más que antes. Esto sucede porque la mayor parte de la pérdida de peso no se produce por la reducción de la grasa corporal sino de agua y de glucógeno, una fuente de energía que se repone con facilidad con las comidas.

Además, cuando el organismo se encuentra frente a una brusca disminución en la ingesta de calorías (menos de 1200 calorías diarias), se defiende al entrar en modo “reserva”, que es un mecanismo natural que evita que una persona que pasa por una etapa de hambruna no perezca, gastando menos energía y almacenado grasa para sobrevivir con menos comida, lo cual provoca lo que llamamos metabolismo lento. Pero más tarde, cuando, inevitablemente, se retoma una alimentación más “normal”, el cuerpo continúa aún con su sistema de “bajo consumo”, sigue almacenando energía y gastando menos, lo que conduce a un nuevo aumento de peso al tratar de sacar el máximo provecho y nutrientes de cada gramo ingerido, el pobre cuerpo engañado con la dieta, no sabe cuando volverá a ingerir lo suficiente para mantener las funciones normales del organismo, la salud general y el sistema inmunitario alerta.

Finalmente, al no estar diseñadas para las necesidades de cada persona, con el tiempo, estas dietas se vuelven aburridas y muy difíciles de sostener. Los planes que sólo se apoyan en la voluntad de la persona, tarde o temprano se abandonan.

Las dietas que salen de la galera (no planeadas por un profesional)

* No permiten lograr una pérdida de peso a largo plazo.
* Empeoran la salud de las personas.
* No promueven la incorporación de nuevos hábitos alimentarios: la persona vuelve a las viejas costumbres y recupera el peso.
* No contienen la suficiente cantidad de fibras, vitaminas y minerales.
* Por lo general, la mayor parte de la pérdida de peso es por la disminución de glucógeno (reserva de energía del cuerpo) y líquidos, no de grasa.

Al no contar con supervisión o control profesional, la adopción de estas dietas puede producir deficiencias nutricionales. Esto ocurre cuando no se incorpora la suficiente variedad de alimentos (por ejemplo, las dietas que proponen las mismas comidas una y otra vez) o se eliminan importantes fuentes de vitaminas y minerales por su supuesto “poder engordante”. Las mujeres que practican con frecuencia este tipo de dietas pueden tener un mayor riesgo de osteoporosis a causa de la falta de calcio.

¿Cuál es la clave para no caer en la tentación de las “dietas mágicas”? Buscar ayuda realmente seria. El respaldo profesional y la información adecuada sobre las dietas seguras son claves para bajar de peso y mantenerse.

Las personas con obesidad han aumentado de peso a lo largo del tiempo a través de una serie de esquemas de conducta aprendidos y repetidos día a día, sumados a una tendencia genética. La decisión de realizar una dieta saludable implica, por lo tanto, aprender a cambiar progresivamente algunos comportamientos que promueven el aumento de peso.

Un error bastante común es iniciar una dieta con el propósito de bajar muchos kilos de golpe, o poner límites rígidos para la cantidad de kilos que se quieren perder. Lo cierto es que cuando los objetivos no son realistas, es imposible alcanzarlos. Se genera una presión excesiva que convierte la dieta en una obsesión: se cuenta cada gramo en la balanza, se sufre por cada bocado de alimento y se vive con el temor de abandonar. Finalmente, el estrés y la tensión llevan a bajar los brazos, con el consecuente descontrol en la comida, impotencia, frustración, falta de confianza y baja autoestima.

Antes de adelgazar, debe establecerse si la persona necesita realmente bajar de peso, o si está dentro de los percentiles normales de acuerdo al paso del tiempo, es imposible mantener la figura y el peso de los veintitantos a los cuarenta o cincuenta, tampoco son normales los cuerpos de revista que exhiben un vientre plano, eso no existe en forma natural, por lo cual intentar emularlos es un grave error, menos pasados los treinta años, donde además hay un incremento habitual de peso de entre el 5 y 10%, que no necesariamente es grasa, sino una evolución morfológica normal relacionada con mecanismos ligados a la salud propia de esa edad, reservas y cambios sin los cuales el organismo no contaría con la capacidad de hacer frente o mantener el cuerpo saludable con menos juventud, cada sistema con el paso del tiempo requiere más recursos para funcionar igual que antes. A veces, un aparente aumento localizado de peso puede tratarse en realidad a casos donde influyen otras patologías muchas veces no diagnosticadas, la celiaquía por ejemplo, provoca una distensión abdominal típica, y no se produce por el aumento de depósitos de grasa, sino por la inflamación a veces temporal y a veces crónica del intestino (aunque se consuman a rajatabla alimentos aptos), eso evidentemente no se disminuye con dietas por que tiene un origen funcional y se debe aprender a convivir con ello.

Por eso es altamente recomendable para cualquiera comer saludable, mejorar los hábitos alimentarios, pero no privarse de nada en su justa medida, incorporar una nueva forma de comer y de disfrutar lo que se come. No para hacer dieta, sino para no subir de peso de manera innecesaria o indiscriminada, y mantener de forma natural un cuerpo razonable y activo acorde a la edad. Es un proceso paulatino y tranquilo de modificación de hábitos, con los que se puede después continuar de por vida, sin sentimientos de privación ni culpa.

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