Psicología actual, la gente infeliz tiene estas 6 cosas en común:

Varios expertos en psicología han explicado a ‘El País’ cuáles son los hábitos que normalmente comparten las personas que son más infelices sin un motivo aparente.

Las personas que constantemente se sienten infelices sin motivo comparten una serie de rasgos en común, aseguran psicólogos citados por la publicación. De acuerdo con el psicoterapeuta Ramón Oria de Rueda, “descartando lo que los manuales diagnósticos llaman trastornos del estado de ánimo […] y los trastornos de la personalidad, quedan algunas personas de las que podemos decir que son, simplemente, negativas”.

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Entonces, ¿qué es lo que tienen exactamente en común estas personas?

  • En primer lugar, aseguran los especialistas, está la cuestión de los objetivos distorsionados. Hablando sobre estos, según la psicóloga Dafne Cataluña, hay que pensar si “¿son realmente nuestros, o están motivados por nuestra necesidad de aprobación o influencias de los demás? (grupos de interacción cotidianos, ya sean sociales o laborales). Lo segundo lleva a la frustración”, explica la experta. Oír las presiones externas por sobre el propio criterio y/o valores, es un error común en estos tiempos en que la norma parece ser “encajar” a toda costa, olvidándonos incluso de preguntarnos si lo que nos sentimos empujados pensar o hacer es realmente nuestro deseo genuino, o es una suerte de contagio que nos infecta quebrando nuestras débiles defensas (la propia personalidad), ya sea por repetición o insistencia.
  • Además, las personas infelices “tienden a hacer una atribución interna de incapacidad y una atribución externa de mala suerte”, señalan los expertos. Eso significa que, por un lado, piensan que son incapaces de hacer algo, pero cuando les sale mal tienden a culpar a la mala suerte. Errar es humano, pero la autocrítica necesaria para reflexionar y mejorar, o aprender del análisis y la autoevaluación, parece cederle el lugar a la negación de la realidad o de la propia responsabilidad, impulsadas fuertemente por el apremio social muy de moda en estos tiempos: ser “exitosos e infalibles”.
  • “No se permiten reflexionar sobre los estados mentales propios ni reconocer las emociones que surgen”, comenta por su parte el psicoterapeuta Antonio Semerari. Una persona puede estar atravesando un proceso interno y muy personal de duelo, asimilación del pasado, la cura de heridas internas o traumas severos, y hasta stress laboral actual, que puede potenciarlos, sin finalizar dichos procesos, nadie está en plenitud de sus facultades, ánimo, y energía para sentirse feliz o plenamente realizado. En vez de frustrarse por no conseguir ese estado ideal, quien logre identificar que se encuentra en algunos de esos estados (o la combinación de varios),  una vez entendida su realidad, debería ocuparse con paciencia de resolverlo con ayuda de un terapeuta, sin presiones y con cabal entendimiento y aceptación de que todo proceso implica tiempo, en muchos casos incierto, pero sin perder de vista que cada día ganado en el mismo, es un pequeño gran paso conquistado que nos acerca al bienestar total.
  • Otro rasgo común para las personas que son más infelices es la lamentación. “La queja es el centro de su vida. Todo lo malo me pasa por que nada bueno puede pasarme a mí, lo ven todo como una profecía autocumplida”, cuando en realidad, hoy se viven tiempos sórdidos y muchas cosas malas le pasan en algún momento casi a cualquiera, afirma Ramón Oria de Rueda.
  • Asimismo, las personas infelices “sienten envidia y/o dificultad para admirar al otro, el egoísmo es la base de su personalidad”, observa el psicoterapeuta. “La gente negativa es egoísta: habla de sus problemas, de sus dificultades, de sí misma y de su mala fortuna, no es propensa a ser agradecida o a valorar el entorno cercano e íntimo y la ayuda de él recibida, y esa misma forma de pensar hace que se cumplan sus malas expectativas”, no por un acto de magia del supersticioso principio de la atracción precisamente (algo que claramente NO existe), sino por estar mal predispuestos, o ser desagradecidos, acortando las posibilidades de recibir apoyo, no es agradable ni reconfortante ocuparse de quien no valora el esfuerzo de ayudarlos, así el círculo virtuoso no puede fuir a causa de su falta de gratitud. Por ese motivo los egoístas son más enfermizos, y más pobres”.
  • Por último, de acuerdo con los expertos citados por ‘El País’, la gente infeliz posee “un pensamiento distorsionado y lleno de ideas falaces”, cosas como “me lo merezco“, “tengo que caer bien” (cuando en realidad lo correcto, aunque moleste a quién moleste, es lo que nos llevará a buen término), o “sólo si valgo, he de conseguir lo que me proponga” (cuando en realidad lo bueno viene por lo general producto de un mínimo esfuerzo, combinado con una oportunidad adecuada, cosa ésta última que a veces no depende de uno mismo). Se trata de “etiquetas mentales poco realistas“.
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