Estrés: ¿Cuál es la relación entre la presión psicológica y los ataques al corazón?

Un estudio de la Universidad de Harvard pone de manifiesto los mecanismos cerebrales que influyen en los problemas cardiovasculares, en especial los infartos.

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Entre los médicos ya no es ninguna novedad que el corazón y el cerebro se resienten con la presión psicológica y las tensiones emocionales (también exigencias físicas), aunque, hasta ahora, no habían logrado establecer claramente, con aval científico, los mecanismos concretos en los que se funda esta relación.

Una de las claves está en la amígdala, un pequeño pero determinante centro neurálgico de nuestro cerebro, según una  investigación publicada en la revista médica británica ‘The Lancet’. La amígdala es un conjunto de núcleos neuronales involucrado en el manejo de las emociones, que también se ve afectado ante actividades físicas de alta demanda, y es clave para iniciar el proceso que puede convertir el estrés, sobre todo pasados los 30 años, en un importante problema a nivel cardiovascular. Los autores del estudio sugieren incluso que la actividad de la amígdala puede ser por si mismo un buen predictor de este tipo de problemas con independencia de los demás factores de riesgo.

En concreto, los autores de la investigación, que pertencen a la Universidad de Harvard y estuvieron dirigidos por el cardiólogo Ahmed Tawakol, comprobaron que los sujetos que presentaban mayor actividad amigdalar tenían también un mayor riesgo de padecer antes un problema cardio o cerebrovascular. Al mismo tiempo, esa activación se asociaba, a su vez, con un aumento de la actividad de la médula ósea y con signos claros de inflamación de las arterias.ataque

Aunque admiten que las conclusiones necesitan más estudios que las afirmen de manera definitiva y categórica, éste es un descubrimiento importantísimo, y los autores del estudio confían en que este descubrimiento abra nuevas vías para una investigación orientada a encontrar nuevas formas de reducir los riesgos cardiovasculares. En este sentido, consideran necesario dar al estrés crónico la importancia que realmente tiene como factor importante de riesgo en el desarrollo de enfermedades cardiovasculares, al menos al mismo nivel que la hipertensión o el tabaquismo. En cualquier caso, una de las complicaciones para detectar aisladamente el estrés como un importante factor de riesgo por sí mismo, es que está fuertemente vinculado a otros signos de alarma: por ejemplo, trastornos en el sueño, la alimentación, o a que las personas estresadas que fuman, suelen hacerlo en mayor cantidad, llevan una alimentación pobre o una vida en extremo sedentaria.

Ya lo sabe, si tiene más de 30 años, y alguno de esos factores de riesgo, no los potencie exponiéndose al estrés (mental ni físico), y si solo afronta este tipo de presiones laborales o cotidianas que aceleran su mente, relájese, y aunque el sedentarismo es también perjudicial, aléjese de actividades físicas intensas, de un alto impacto y costo en la salud a mediano y largo plazo, manténgase activo pero inclínese por actividades más bien moderadas, sostenibles y realmente amigables con un nivel de bienestar general, el estrés ya implica por sí mismo un riesgo muy fuerte de tener un infarto el día menos pensado.

 

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